• Huauchinango

Crisis en Pemex y fin de LyF alienta desempleo en municipios

La afectación ha tenido tal magnitud que puede asegurarse que la zona se convirtió en expulsora de mano de obra.

Huauchinango, Pue.- Durante varias décadas las paraestatales Luz y Fuerza (LyF) y Petróleos Mexicanos (Pemex), así como el cultivo del café, fueron las más importantes fuentes de empleos e ingresos para los habitantes de la sierra noroccidental del estado de Puebla, por lo que el cierre de la primera, el traslado de personal en la segunda y las nuevas amenazas de despidos; además de la baja producción del aromático como efecto de la roya, impactaron la economía regional hasta dejarla en situación de “caída libre”.

La afectación ha tenido tal magnitud que puede asegurarse que la zona se convirtió en expulsora de mano de obra y los ingresos de las familias dependen casi de manera exclusiva del comercio –formal e informal-, los servicios, el sector educativo y de las divisas que envían los migrantes.

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A partir de la segunda mitad de la década de los 80 del siglo pasado, el declive en la producción petrolera de la llamada Faja de Oro, ubicada en el norte de Veracruz y el sur de Tamaulipas y la construcción del sistema de ductos del centro,  provocaron el traslado del 40 por ciento de los empleados del Distrito Catalina de Pemex, en Huauchinango, al estado de Querétaro, con la consecuente pérdida de al menos 500 fuentes de empleo.

Hasta ese momento, la importante presencia de Pemex en la región, se redujo a las labores en las casetas de rebombeo del gasoducto Poza Rica-Azcapotzalco y del oleoducto Poza Rica-Azcapotzalco-Salamanca: el otrora poderoso Distrito quedó convertido apenas en un sector que opera una parte del sistema de ductos dando empleo a 800 personas.

Sin embargo, los empleados de la petrolera gozan hasta ahora de prestaciones sociales como el sistema “Protec -Salario: programa de protección del salario de los trabajadores, basado en acuerdos con proveedores que ofrecen descuentos, acceso a servicios médicos especializados y financiamiento para vivienda”, por lo que comparados con las condiciones del resto de la población de la zona, se puede decir que son un sector privilegiado.  

Las posibilidades de acceso a un empleo en la ex paraestatal para los serranos se han visto reducidas de la misma manera en que se han disminuido las expectativa de explotación del yacimiento Paleocanal de Chicontepec, proyecto extractivo reflotado en el año 2003 y ubicado en 10 municipios veracruzanos y tres poblanos: Pantepec, Francisco Z. Mena y Venustiano Carranza.

En los mejores tiempos del también llamado Activo Aceite Terciario del Golfo apenas el 40 por ciento de la mano de obra que realizaba la exploración de esa zona petrolera, era mexicana; según declaró en su momento Jorge Morales Cerón quien fuera titular de operación del Paleocanal.

Poco a poco las expectativas del yacimiento se fueron mermando, al grado de que la prospectiva de que al iniciar la presente década alcanzaría una producción diaria de 300 mil barriles de crudo, quedó en una quimera, igual de lejana al millón de barriles proyectado inicialmente, debido a que cuatro de cada 10 depósitos abiertos no producen crudo o están secos.

Y a la fecha las actividades del Activo están paradas en un 95 por ciento, según declaraciones del alcalde de Venustiano Carranza, Rafael Valencia Ávila, quien previó que tras la aprobación de las leyes secundarias de la Reforma Energética y la licitación de los campos petroleros de la zona, serán petroleras de Estados Unidos: Weatherford y Halliburton; y de China: Sinopec Petroleum International Service, las que emplearán a los serranos.

Pero a la fecha este no ha acontecido. Al contrario, en mayo del año pasado la Subdirección de Producción Región Norte de Pemex que se encontraba en Poza Rica, fue trasladada al puerto de Veracruz y se le cambió el nombre a Subdirección de Gas no asociado, pero no fue lo único.

Con el cambio de sede en la que trabajaban varias personas originarias de la Sierra Norte poblana, hubo despidos, pero no de empleados sindicalizados, empero desde hace varios meses entre los miembros de la Sección 39 del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), corre el rumor de que se avecina un drástico recorte de personal.

Algunos trabajadores consultados se mostraron reservados respecto a estas versiones, dijeron que desconocen qué movimientos vayan a darse, pero indicaron que desconocen cómo quedó su nuevo contrato colectivo de trabajo, la manera en que podrían modificarse sus prestaciones y si están en riesgo sus jubilaciones.

Lo cierto es que entre ellos hay un ambiente de tensión e incertidumbre por no saber qué pasará con su situación laboral.

Y no es para menos, sólo hay que recordar el discurso pronunciado por Ángel Gutiérrez Segura, superintendente del Sector Catalina de Pemex. Durante la conmemoración de la Expropiación Petrolera del año pasado, el ejecutivo advirtió a los trabajadores que la modernización y el nuevo esquema de trabajo de la empresa se realizaría “con nosotros, sin nosotros y a pesar de nosotros”, por eso los llamó a sumarse al “renovado esquema industrial”

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Un golpe más a la economía de la Sierra Norte y a su sistema productivo se produjo en octubre de 2009 con la declaratoria de extinción de la compañía de Luz y Fuerza que daba empleo al 80 por ciento de los habitantes del municipio de Juan Galindo considerado “la cuna de la industria eléctrica” y también, aunque en menor proporción, a los de otras demarcaciones  como Huauchinango y Ahuazotepec.

Las actividades del 20 por ciento de la población restante de Juan Galindo se divide entre comerciales, docentes, hoteleros y restauranteros, que también dependían de la derrama económica generada por la paraestatal liquidada por decreto presidencial hace casi siete años.

Desde entonces, la actividad económica de ese municipio está prácticamente paralizada. Más de mil 500 electricistas se quedaron sin trabajo; no hay dinero para comprar lo mínimo necesario, y por consiguiente comerciantes y prestadores de servicios tampoco tienen ingresos.

El impacto del decreto, a pesar de las liquidaciones y las opciones de recontratación iniciadas en octubre del año pasado, golpearon severamente el estómago de los trabajadores de la región, quienes pese a su asociación con la portuguesa Mota Engil para la creación de la Generadora Fénix, han asegurado que lo obtenido hasta ahora nunca repondrá lo que les quitó.

Y aunque el año pasado iniciaron las recontrataciones y recibieron las plantas de Patla, Tepexic, Necaxa y Texcapa, y participan de programas emergentes de empleo; la crisis que enfrentan es profunda, sobre todo si se contrasta con la solidez económica en la que vivían antes del decreto.

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Durante varios decenios, el café fue una de las fuentes de ingreso más importantes en la región, no sólo para los grandes cafeticultores sino para los medianos y pequeños productores. En el invierno, las grandes fincas de Zihuateutla, Jopala y Xicotepec albergaban en la temporada de corte a miles de campesinos, algunos acompañados de toda su familia.

Un accidente registrado el 16 de diciembre de 2007, en el que murieron 19 personas que se dirigían al corte de café en una de las más extensas fincas ubicada en el municipio de Jopala, llamada San Martín, reveló las graves condiciones de explotación a que son sometidos estos campesinos, incluso menores de edad.

En testimonios de algunos niños sobrevivientes al accidente publicados en la época, refirieron que el patrón (el fallecido empresario alemán Martín Josephi) “paga a un peso con 20 centavos el kilogramo de café y que en cada jornada, los niños de entre 10 y 15 años de edad, llegaban a cortar cerca de 20 kilos”. Mientras que debían pagar por sus alimentos y dormir en galerones insalubres.

Este año, la cosecha del café en la Sierra Norte está en la lona, debido a la baja producción registrada por el ataque de la roya a los arbustos que ha afectado a un promedio de 10.5 por ciento de las 72 mil hectáreas dedicadas a este cultivo. Es en esta región, donde se localizan los municipios con mayores daños: Xicotepec, Zihuateutla, Tlaola, San Felipe Tepatlán, Hermenegildo Galeana, Tlapacoya, Tlacuilotepec, Tlaxco y  Jalpan, con cafetos distribuidos en 82 comunidades y atendidos por mil 740 pequeños productores.

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La floricultura es una actividad muy importante en los municipios de Huauchinango, Tlaola, Xicotepec y Zihuateutla y genera unos 6 mil empleos en la zona, a cambio de salarios que no rebasan los 50 pesos diarios y sin ninguna prestación; mientras que el resto de los pobladores de estas demarcaciones se dedican al comercio y a la prestación de servicios.

Otra fuente de empleos es la que se genera en el sector educativo, en Huauchinango, hay por lo menos 800 personas dedicadas a la docencia en todos los niveles, pero en su mayoría tienen percepciones salariales básicas de 5 mil pesos al mes. 

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Datos del Sistema de Información e Indicadores del gobierno estatal, ubican a la Sierra Norte como una región de alta marginalidad y expulsora de mano de obra.

Durante muchos años, los migrantes temporales se dirigían principalmente a las ciudades de México y Puebla para trabajar como albañiles en la industria de la construcción, a las fincas cafetaleras de la misma región para recolectar el grano, a las huertas de cítricos en Veracruz para el corte de naranjas.  Pero ahora, el número de migrantes con destino a Estados Unidos es cada vez mayor, y se ubican en Phoenix, Minnesota y Nueva York.

La comunidad de Cuacuila, en Huauchinango, fue la primera que expulsó a sus jóvenes hacia Estados Unidos ante la falta de trabajo, hace poco más de 16 años, pero tras el decreto de la Ley Arizona, muchos empezaron a volver a la comunidad y con su regreso, se registra una baja considerable en las remesas y un fuerte impacto en la economía.

Según cálculos de la presidencia de la junta auxiliar, las remesas han disminuido hasta en un 50 por ciento, afectando los ingresos del 80 por ciento de sus 4 mil 200 habitantes.

A la par de la baja de los envíos de dinero desde Estados Unidos, también van a pique las actividades de construcción, compra de vehículos y de terrenos, y creció el número de cuacuileños que están regresando a las labores del campo que “ya sólo dan para el autoconsumo”.

Los que regresaron cuentan cómo la crisis económica estadunidense se manifestó para ellos: “De nueve horas de jornada laboral se las bajaron a cinco o cuatro horas y ya no fue posible pagar la renta de casas, los alimentos y el transporte, por lo que no podían enviar la cantidad de dólares que acostumbraban y ya no se pudieron mantener por allá”.

Cada migrante enviaba un promedio de “20 mil pesos cada 15 días a sus familiares, por eso es que ahora se ven casas grandes y bien construidas, los padres compraron carros o camionetas nuevas con las que se pusieron a trabajar en el comercio, pero las cosas han cambiado, ahora reciben sólo unos 10 mil pesos o menos, que ya no alcanzan con todas las obligaciones en la comunidad”.

Muchas casas se quedaron en obra negra, ya no pueden pagar sus autos y el asunto promete complicarse debido a que quienes continúan en los Estados Unidos ya no pueden enviar la cantidad de dinero que acostumbraban.

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