Siempre he sostenido que el sistema financiero mexicano, particularmente la banca comercial, puede mejorar, por ejemplo, estando menos concentrada, para evitar prácticas oligopólicas que dañan al público consumidor, limitan el crecimiento del país e impiden que se cierre la brecha de desigualdad de oportunidades.
Dada la coyuntura de la salida de Citibank del territorio nacional con la venta de Banamex, no puedo dejar de revisar el tema una vez más, para tratar de plantear el contexto financiero en que nos encontramos.
En primer lugar, como mencioné en el libro Reforma al sistema financiero. Una visión de futuro, la banca comercial y de consumo se contrae, se concentra y se limita para atender los municipios y sectores que le son rentables y deja, como actividad secundaria o terciaria, a municipios cuyo nivel de ingresos no los hace rentables. El resultado: una ampliación en la brecha de bancarización y, por tanto, de desigualdad.
La multitud de incidentes en que la banca comercial se ha visto involucrada en fraudes, operaciones de lavado de dinero y corrupción ha provocado también que, por un lado, las entidades supervisoras hagan más profundos y exhaustivos sus reglas y procesos de cumplimiento y, por otro, que las casas matrices y accionistas de bancos se cuestionen sobre el riesgo implícito que existe en el país.
De acuerdo con información publicada por FinCEN (unidad de inteligencia financiera del gobierno de los Estados Unidos), entre los años 2010 y 2016 se detectaron 57 transacciones enviadas o recibidas por al menos nueve bancos mexicanos, por 5 mil 500 millones de dólares, catalogadas como lavado de dinero. No sorprende la salida de Citibank, si a lo anterior sumamos el escandaloso caso de Oceanografía.
A esto se suma la concentración en cuatro jugadores del sistema financiero, señalada como un problema central por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores en 2020. Estos cuatro grupos controlan el 68.6 por ciento de los activos. BBVA es el mayor, con un 24.1 por ciento; le siguen Santander, con un 15.6 por ciento; Banorte, con un 15 por ciento, y Citibanamex, con un 13.9 por ciento. La venta de Banamex pudiera derivar en una concentración aún mayor.
Al revisar el documento publicado por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, denominado Panorama Anual de Inclusión Financiera 2021, es claro que el problema ya no es solamente de competencia, sino también de falta de oferta de los bancos en municipios rurales, los llamados en transición y los semiurbanos.
La Alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México tiene 2,388 cajeros automáticos, en comparación con los 2,360 que tienen Nayarit, Zacatecas, Campeche, Colima y Tlaxcala juntos. Del total de cuentas de depósito de personas en entidades bancarias, sólo el 9.9 por ciento es de aquellas que viven en municipios rurales, en transición, y semiurbanos
La concentración, selectividad de la oferta y falta de competencia son barreras y vicios que deben encontrar una solución en el corto plazo. El gobierno ha implementado programas y políticas para que la banca de desarrollo pueda cubrir parte de este vacío, pero lograrlo en su totalidad requiere, necesariamente, de un proceso en el que, de manera responsable, a la banca privada le sea posible realizar las modificaciones necesarias para coadyuvar en el desarrollo equitativo del país.
Twitter y Facebook: @RicardoMonrealA
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El doctor en Derecho, Ricardo Monreal Ávila, nació el 19 de septiembre de 1960 en Plateros, Zacatecas, en el seno de una familia de catorce hijos.
Estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Zacatecas y luego cursó estudios de maestría y doctorado en Derecho Constitucional y Administrativo en la Universidad Nacional Autónoma de México.
En 1975 comienza su trayectoria política militando en las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), allí ocupó varios cargos: fue coordinador nacional de la Defensa Jurídica del Voto en la Secretaría de elecciones de la dirigencia nacional; presidió el Comité Directivo Estatal de Zacatecas y, posteriormente, fue secretario de Acción Política de la Confederación Nacional Campesina. En éste periodo de militancia participó en el Congreso de la Unión, fue diputado federal dos veces (1988-1991 y 1997-1998) y llegó al puesto de senador (1991-1997).
En 1998, Monreal Ávila abandona al PRI para unirse a las filas del PRD y contender, ese mismo año, a la gobernación del estado de Zacatecas.
Fue diputado federal en tres periodos: de 1988 a 1991 y de 1997 a 1998 por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), y entre 2012 y 2015 por Movimiento Ciudadano y por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).
Cumplió labores como senador en dos periodos, de 1991 a 1997 y de 2006 a 2012 por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido del Trabajo (PT).
Ahora por tercera ocasión es Senador de la República y coordinador de la fracción parlamentaria de Morena.

