Kamala… en otro momento

El próximo 8 de junio el presidente de México Andrés Manuel López Obrador recibirá la visita de Kamala Harris, vicepresidenta de los Estados Unidos.

Primera en muchas categorías, entre ellas, haber sido la primera mujer de color en representar en el Senado a California, en donde también se desempeñó como fiscal general, la vicepresidenta Harris es asimismo la primera mujer en ese cargo en la Unión Americana, y además la primera mujer negra, de padres inmigrantes, que lo ocupa.

Ella sabe de primera mano qué implica la migración, qué significa combatir estereotipos y cuán difícil es para una mujer alcanzar posiciones de liderazgo; también conoce qué conlleva la responsabilidad de cambiar las realidades que parecen inalterables. Se denomina a sí misma como una fiscal progresista, determinada a eliminar de raíz el racismo, vocal en el combate a la violencia de armas, y ha sido designada por el presidente Joe Biden como la encargada de liderar los esfuerzos para enfrentar el reto que supone la migración de México y del Triángulo del Norte.

Su próxima reunión con el mandatario mexicano es sumamente esperada en el Senado, porque reconocemos la coincidencia de enfoques que existen entre ambos países en el tratamiento de los retos comunes y en la necesidad de invertir en el desarrollo regional de manera integral.

En este encuentro podrán avanzar las conversaciones para capitalizar el T-MEC como instrumento medular en la recuperación económica pospandemia. Será un espacio para afinar las avenidas de cooperación para superar esta crisis sanitaria y para revisar con ojo quirúrgico la estrategia de cooperación en materia de seguridad.

Es una reunión esperada, porque sabemos que existe una alineación inmejorable de voluntades y paradigmas para entender el fenómeno migratorio; además, se tomarán decisiones determinantes para acelerar transformaciones en el sur-sureste de México y Centroamérica. Sin temor a equivocarme, éstos son intereses compartidos por todos los actores de las sociedades mexicana y estadounidense.

Y aunque en esencia el interés en la cooperación y el desarrollo sostenible regional es bilateral, existen discusiones y procesos domésticos que pueden ensombrecer la virtuosa coincidencia entre ambas naciones, que tanto debemos celebrar.

 

 

Las democracias tienen como componentes esenciales el desacuerdo, el diálogo, la negociación, pero también la tolerancia. Lo vivimos cotidianamente en el Pleno del Senado; es inherente a la labor legislativa. Lo vemos también en la escena política estadounidense, en las discusiones entre las fuerzas demócrata y republicana con respecto a iniciativas como el plan de infraestructura, la reforma policial o, por supuesto, la reforma migratoria.

La invitación que corrimos a la vicepresidenta Kamala Harris para acudir a la Cámara Alta fue hecha en razón de su calidad de vicepresidenta, pero particularmente en la de presidenta del Senado de los Estados Unidos, por lo que una reunión con ella, en su primera visita a México, era una decisión natural. Sin embargo, esta invitación ha tenido reacciones mixtas entre las y los colegas parlamentarios.

En un Senado que ha buscado resolver asuntos por consenso, estas reacciones resuenan. Si bien convergemos en la intención de estrechar las relaciones entre nuestra Cámara Alta y la estadounidense, algunas voces temen que el proceso electoral en México y la polarización que indiscutiblemente está dominando el espacio público opaquen un encuentro que debería gozar de un ambiente más favorable.

Asumiría que el Senado se compone de personas funcionarias capaces de compartimentar los asuntos y atender con la mayor seriedad una visita tan importante como la de la primera mujer en ocupar la vicepresidencia de los Estados Unidos, sin contaminar agendas. Es imperativo reconocer la oportunidad que la coincidencia de enfoques entre ambas naciones ofrece a México.

Sin embargo, siendo la primera visita de este nivel y a pesar de que estoy convencido de la urgencia de acercarnos desde el Senado a nuestro vecino y socio del norte, escucho con atención y respeto las opiniones divergentes. En aras de proteger los espacios de negociación y construcción con el país vecino, buscaremos otro momento para tener el encuentro que yo había propuesto.

 

 

Ésta no es una reunión que deba ser forzada, tampoco debe ser utilizada para avanzar agendas partidistas en un momento crucial para nuestra democracia. Esta legislatura ha procurado no ser factor de estridencias, y el

Senado de la República ha evitado ser un terreno de confrontación permanente. Lo he dicho una y otra vez: mi misión es asegurar que tenemos una Cámara Alta plural, productiva y eficaz. Así que, ante la ausencia de ese consenso amplio, y considerando la coyuntura electoral y que estamos en periodo de receso, he concluido que es más oportuno posponer una potencial reunión para una próxima ocasión.

Por ahora, pido atentamente que contribuyamos a asegurar un ambiente favorable para que esta reunión entre el presidente de la República y la vicepresidenta de Estados Unidos se desahogue con tranquilidad; que tengan el espacio y la atmósfera necesarios para avanzar en la agenda bilateral común.

Los encuentros entre altas personas funcionarias de Estados Unidos, México y Centroamérica en este momento de la administración del presidente Joe Biden representan oportunidades para que todos los actores se reconozcan entre sí, con las complejidades que cada uno posee y con la historia de transformación que cada país arrastra. Es una ocasión para terminar de integrar las agendas colectivas y para explorar alternativas innovadoras de cooperación que nos permitan lograr los objetivos conjuntos de manera más sostenible.

Los resultados del proceso electoral que viviremos el 6 de junio son impredecibles. Pero tal incertidumbre sólo puede hacernos humildes ante el poder de la participación ciudadana. No perdamos de vista que cada elección debe ser vivida como una celebración de nuestra democracia, y este domingo tenemos la oportunidad de compartir con el mundo la forma en que podemos vivir la pluralidad y aceptar la voz de la ciudadanía para continuar en la construcción de un México más incluyente y próspero.

 

 

En el Senado, nuestra función vinculada al análisis y al seguimiento de la política exterior del país es muy clara. No podemos evadir nuestra responsabilidad en este ámbito ni en la construcción de un sistema jurídico eficaz que permita avanzar en los objetivos nacionales, pero también en los establecidos de manera conjunta con otros países.

Referente obligado del cumplimiento de nuestro deber son los esfuerzos para reformar el sistema de justicia, para equipar al Estado en la lucha contra la corrupción y hacer valer el Estado de derecho en la implementación del T-MEC. Junto con la Cancillería, buscaremos otra oportunidad para concretar este encuentro que ayude a fortalecer la relación bilateral y los esfuerzos de todo el gobierno por ser un actor internacional responsable.

Como presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, debo vigilar que la coyuntura no supere nuestras responsabilidades con la nación, y que la polarización doméstica no afecte la credibilidad de México como socio y vecino.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

Twitter y Facebook: @RicardoMonrealA

 

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Ricardo Monreal

El doctor en Derecho, Ricardo Monreal Ávila, nació el 19 de septiembre de 1960 en Plateros, Zacatecas, en el seno de una familia de catorce hijos.

Estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Zacatecas y luego cursó estudios de maestría y doctorado en Derecho Constitucional y Administrativo en la Universidad Nacional Autónoma de México.

En 1975 comienza su trayectoria política militando en las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), allí ocupó varios cargos: fue coordinador nacional de la Defensa Jurídica del Voto en la Secretaría de elecciones de la dirigencia nacional; presidió el Comité Directivo Estatal de Zacatecas y, posteriormente, fue secretario de Acción Política de la Confederación Nacional Campesina. En éste periodo de militancia participó en el Congreso de la Unión, fue diputado federal dos veces (1988-1991 y 1997-1998) y llegó al puesto de senador (1991-1997).

En 1998, Monreal Ávila abandona al PRI para unirse a las filas del PRD y contender, ese mismo año, a la gobernación del estado de Zacatecas.

Fue diputado federal en tres periodos: de 1988 a 1991 y de 1997 a 1998 por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), y entre 2012 y 2015 por Movimiento Ciudadano y por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Cumplió labores como senador en dos periodos, de 1991 a 1997 y de 2006 a 2012 por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el  Partido del Trabajo (PT).

Ahora por tercera ocasión es Senador de la República y coordinador de la fracción parlamentaria de Morena.