Otro problema, más complejo de atender sería que el departamento de justicia demandara la acción de las autoridades mexicanas o exigir el envío a territorio norteamericano de políticos y empresarios de relieve. Raymundo Rivapalacio recientemente señaló que las autoridades norteamericanas exigían que Manuel Bartlett fuera trasladado. Otros casos más inmediatos y recientes, los relacionados con el huachicol fiscal que, por las declaraciones de testigos protegidos y la información aportada por el hermano de Sergio Carmona, podría afectar a gobernadores en funciones y al exdirigente de MorenaMario Delgado, secretario de Educación.

La presidenta Sheinbaum ha exigido pruebas para justificar cualquier acusación. El problema es que las autoridades mexicanas han utilizado en su beneficio y convalidado la práctica de dar validez a las declaraciones de delincuentes detenidos en búsqueda de beneficios procesales. Al presidente López Obrador no importó convalidar el riesgoso precedente de actuar contra Genaro García Luna a partir de tales pruebas. El presidente, movido por el rencor y el ánimo de venganza, no advirtió las graves consecuencias de dar validez a los testimonios de delincuentes. La presidenta exige pruebas, sin mayor dificultad podría recibirlas: el testimonio de criminales y a partir de ellas verse obligada a proceder contra los de casa.

 

Columna de Federico Berrueto en SDP Noticias

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