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Desaparecidos en México

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Continúan las desapariciones forzadas, han pasado décadas y diferentes tragedias, pero este mal que aqueja a la sociedad mexicana no se ha ido

“Mi hija Blanca Selene Santiago Álvarez desapareció Nuevo LaredoTamaulipas el 13 de septiembre de 2019. Yo, su madre, la he buscado en muchos lugares, acudo cuando tengo los medios, a las fosas clandestinas que están diseminadas en todo el país. No la he podido localizar hasta hoy. La Fiscalía no me ha apoyado, siempre he estado sola.

Sola…

Van a ser seis años que no puede abrazarla; pero su corazón y su instinto de madre le dice que su querida hija, estilista de profesión, está viva… Pero ¿dónde?

Algunos vecinos la vieron junto a su esposo abordar una camioneta. Hubo varias versiones; todas confusas, contradictorias… Su madre desesperada e invadida de angustia y de terror denunció su desaparición. La fiscalía se comprometió a buscarla, investigar, armar su carpeta… Y ahí quedó todo. Unas cuantas frases, pocos indicios, mucha indiferencia. Entre millares de folios, por ahí estará casi borrado por el tiempo, el nombre de Blanca Selene a quien solo su madre busca.

Fosas clandestinas por todo el territorio mexicano; reclutamiento de jóvenes para encerrarlos contra su voluntad en “centros de adiestramiento”, quien se niegue al sometimiento es asesinado, torturado y sus restos, a veces calcinados, son enterrados junto con los otros que dijeron que no, tiempo antes.

Cuando desapareció Blanca era gobernador Francisco Cabeza de Vaca. El ex gobernador fue señalado por Emilio Lozoya Austin, de recibir sobornos en 2013 y 2014 para apoyar la legislación de la reforma energética. En 2022, la Procuraduría General de la República emitió una orden de aprehensión acusándolo por presuntos delitos de crimen organizado y blanqueo de capitales.

Francisco Javier es dueño del ejido “La Retama” en Reynosa, Tamaulipas en el que se encontraron restos. El terreno fue comprado por el ex mandatario a través de una empresa fachada, así lo dio a conocer la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) en marzo de 2021.

En este macabro lugar, el ex gobernador instaló una empresa de energía eólica. Se asoció con Acciona, empresa española para obtener una licitación para su construcción y posterior operación del parque eólico en El Cortijo, en el ejido de Retama; con el objetivo de generar energía para venderla a la Comisión Federal de Electricidad.

En La Retana se encontraron miles de restos óseos, gracias una denuncia anónima.

Este macabro lugar se asemeja a “La Bartolina” en Matamoros, Tamaulipas, donde las autoridades dieron a conocer que se encontraron millares de restos óseos; como en “San Fernando” en 2010 y 2011, y la región Mante-Gómez Farías en 2019 que conforman solo algunas de las 440 fosas clandestinas registradas en la entidad entre 2006 y 2019.

¿Y los medios? Aquellos que firmaron el pacto de silencio poco o nada dijeron…

La mamá de Selene no se cansa de buscarla a pesar de su corazón dolorido y su vida hecha añicos. Un miedo atroz la invade, sabe que acudir a cualquiera de estos oscuros y siniestros lugares para preguntar por su hija, es como adentrarse en el averno mismo.

El hallazgo de los restos humanos hallados en la Bartolina puso en evidencia que la desaparición forzada de personas es grave en Tamaulipas, y que las fosas clandestinas son la culminación de episodios de terror, tortura, violencia y muerte. Vidas apagadas con saña, sus cuerpos abandonados en parajes solitarios o en excavaciones profundas y oscuras, a los que el tiempo arranca su identidad, quedan ahí, todos en la soledad.

En esa entidad desaparecieron 5,838 personas entre 2006 y 2016, periodo caracterizado por al guerra contra el narcotráfico; la ola de violencia se intensificó, las transiciones de gobierno no mejoraron nada, continuaron las masacres como la de Creel en 2008, la Allende y Casino Royale en 2011 y la de Cadereyta en 2012.

Hay que darle un manejo a la información vinculada a la violencia del país”, dijo entonces el ahora auto exiliado Felipe Calderón Hinojosa. Periodistas o comentaristas de los principales medios estamparon su firma, para guardar silencio, para que nadie supiera que miles de personas eran víctimas de desaparición forzada, que otras inocentes eran encarceladas, que el país estaba sumido en la violencia, en un torrente en el que miles de inocentes perdieron la vida…

¿Y los que firmaron pacto de silencio? Este nefasto e inhumano grupo al que Calderón les dio la línea a seguir ¿deberían terminar en una “bartolina”?, irónico que el significado de ésta palabra sea una prisión o un calabozo… Que se queden ahí ahora ellos en esa oscuridad, que vivan el pánico de no ser escuchados, que los gritos de terror que emitan los absorban las tétricas paredes húmedas, que vivan por solo un momento en ese hoyo, en la negrura de la soledad y que limpien sus lágrimas con los miles de billetes que habrán recibido por aquella signatura.

Pero, no, nosotros no somos así…

Lo que debemos hacer es no creer en todo lo que dicen, debemos ser sordos a sus voces, a su propaganda negra y hasta “nazi”. Sí, propaganda… ¿Habrán hecho ahora un pacto de divulgación tergiversada?

Indaguemos, informémonos, mantengamos la cabeza fría, analicemos, no permitamos que estos medios nos manipulen como lo hicieron durante tantos años.

En los años setenta veía todos los días caminar por la acera de enfrente a un señor siempre con el gesto adusto. Su mirada fija hacia adelante, no existía nada para él más que el camino que debía llevarlo a su destino. Portando sempiternamente guayaberas de colores claros ya algo desvaídos, el botón superior sin abrochar, dejaba entrever una gasa que tenía adherida al pecho… Siempre me pregunté qué le habría pasado. A veces caminaba con su esposa, ambos abstraídos del bullicio de la calle, de las ventanas abiertas, de la gente que pasaba a su lado, incluso uno era invisible para el otro. Así pasaron años, realizando las caminatas conocidas e ignorándolo todo.

Ellos estaban inmersos en un profundo dolor, su único hijo, había desaparecido en la Plaza de las Tres Culturas en aquel mitin que terminó en la masacre de los estudiantes. Jamás regresó. Nunca supieron qué le pasó; “los aventaron al mar”, decía mi papá. Ambos lloraban en su soledad escuchando las mentiras viles del entonces presidente de la república Gustavo Díaz Ordaz… Y que los medios repetían, obedecían.

Después solo vi al papá yendo y viniendo por el mismo camino, su esposa había muerto, tal vez allá, si es que existe, habrá podido encontrarse con su hijo conviviendo con los demás compañeros, esperando ver por aquella gran puerta llena de luz a alguno de sus seres queridos. Su padre más solo que nunca, siguió recorriendo cansado, ese camino de la acera de enfrente, esperando en completa abstracción de la vida, la muerte… hasta que un día lo dejé de ver.

El 2 de octubre de 1968, me llevaron mis papás al doctor. Al pasar por Tlatelolco me llamó la atención que hubiese tanto alboroto. Mucha gente corría de un lado a otro enfrente del carro, por detrás, por ambos lados, en distintos sentidos. “Quién sabe que habrá pasado”, comentó mi papá y seguimos avanzando lento, hasta que tomamos Calzada de Guadalupe y llegamos a la casa.

Era por supuesto el mitin en el que mataron de la manera más cobarde a cientos de estudiantes; a obreros, a vecinos que habían bajado a hacer sus compras en esa unidad habitacional, a niños que jugaban ese día en la explanada como cualquier otro, sin saber que sería el último y que sobre ellos pasarían despavoridos miles de estudiantes con la esperanza de no ser blanco de las ráfagas de bala.

Díaz Ordaz era intolerante, explosivo y colérico; gracias a su anatomía facial fue apodado “El Chango”. Él, junto con su secretario de gobernación, Luis Echeverría Álvarez, orquestaron todo. Las Olimpiadas no se podían estropear, ¿qué imagen proyectarían estos porros al mundo?

¿Qué salió en los periódicos? Lo que ordenaron ellos…

¿Cuántos muertos hubo? La prensa tenía que alinearse con el presidente y con el secretario de gobernación Echeverría, seres oscuros y de sangre fría, tal vez negra… Dieron las instrucciones, la orden de publicar que solo habían sido como 20 o 30 muertos. El presidente mexicano, el todopoderoso, el cacique de la república y los medios a callar…

¿Cuántos fueron desaparecidos después de haber sido torturados? Entre ellos se encontraba Héctor, mi vecino, al que nunca conocí pero que soy testigo del terror, la angustia de sus padres, de su consumición, aún percibo la estela triste que dejaron las miles de veces que pasaron frente a mi ventana.

Esa masacre está llena de oscuros y siniestros secretos. El Batallón Olimpia, el Ejército… Díaz Ordaz y Echeverría hicieron gala de las Olimpiadas que se llevaron acabo en este país, ocultando la verdad con tétrica frialdad y cinismo. En México no pasa nada…

El pacto de silencio entre gobierno y prensa…

Llegó a la presidencia, después del típico dedazo, Luis Echeverría Álvarez quien habría vivido cien años, sin haber pagado por ni una sola de las muertes que pendían sobre su espalda y no en su conciencia porque seguro no tenía, o la tenía muerta.

“Mi hijo no se ha perdido, a mi hijo se lo llevó el Estado”, “no busco venganza, busco justicia”, gritaba con el dolor marcado en su rostro Rosario Ibarra de Piedra; esta madre incansable que dedicó toda su vida a buscar a su hijo.

Jesús Piedra Ibarra participó activamente en diversas organizaciones estudiantiles antes de unirse a la Liga Comunista 23 de septiembre. El 18 de abril de 1975, fue la última vez que se le vio con vida. Fue detenido por la Dirección Federal de Seguridad dirigida por Fernando Gutiérrez Barrios (1964-1970) quien después fue secretario de gobernación con gran influencia directa sobre la seguridad nacional. Tuvo enorme poder en la estructura de inteligencia y represión y pieza clave en los operativos de contrainsurgencia durante la Guerra Sucia.

Rosario Ibarra inició un proceso de búsqueda, movilización y resistencia. Supo después que su hijo no era el único, que ella no era tampoco la única, sino que había centenares de desaparecidos. Reunió a madres y familiares y en 1977 fundó el “Comité Pro Defensa de Desaparecidos, Presos, Perseguidos y Exiliados Políticos de México”, que más tarde sería conocido como “Comité Eureka”. Esta organización es pionera en la lucha contra la desaparición.

Desde entonces, organizaciones de madres en la búsqueda de sus hijos o hijas..

En una huelga de hambre en la Catedral Metropolitana desde el 28 de agosto de 1978 estuvieron bajo la consigna “¡vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, exigieron la presentación de los desaparecidos.

“¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos”! Rosario Ibarra fue la primera en proclamar ante el gobierno sordo e indiferente estas siete palabras que siguen repitiéndose hoy… Pero ya con cansancio y sin esperanza ahora por los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa que desaparecieron en el sexenio de Peña Nieto muchos años después. La misma estrategia, el mismo pacto y un peor silencio…

A través del activismo de Rosario Ibarra de Piedra y el trabajo del “Comité Eureka”, se logró visibilizar la grave problemática de las desapariciones forzadas en México durante la Guerra Sucia.

Época de terror, tiempo de represión del Estado contra cualquier movimiento ya fuese estudiantil, de campesinos, guerrilleros de izquierda, todos eran perseguidos por manifestar sus desacuerdos o inconformidades con Echeverría.

Con Echeverría se profundizó la represión. La Dirección Federal de Seguridad y el ejército participaron en operativos clandestinos, hicieron detenciones arbitrarias y desaparecieron a los que no estuviesen con la boca cerrada. Además se le vinculó al golpe contra el periódico Excélsior en 1976, que provocó la salida de su director, Julio Scherer y un equipo de colaboradores, hecho que derivó en la posterior creación de la revista Proceso y del diario La Jornada.

Las desapariciones no han cesado. Durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa incrementaron. La ola de violencia abarcó a todo el país llevándose a cualquiera a su paso… Calderón no quería que los mexicanos supiéramos de las decenas de muertos, que su guerra contra el narcotráfico se había salido de control, mostraba que no había sido planeada siguiera.

Felipe Calderón invitó a los medios a firmar un pacto de silencio, para mantener las aguas sanguinolentas ocultas. El pacto fue promovido por Calderón y se dio a conocer el 24 de marzo de 2011. Los periodistas se comprometieron a informar lo conveniente, lo pactado, lo irreal. Les pidieron “dar un manejo de la información vinculada a la violencia del país”. Les dieron línea y ellos aceptaron. ¿Habrán cobrado por su silencio? ¿Por omitir?

Con el ex presidente Andrés Manuel López se terminaron los pactos, se quitaron las mordazas y los privilegios.

Ahora estos comunicadores, analistas e “intelectuales” están dedicados a la propaganda estilo ‘nazi’… sembrar más terror, mostrando su falsa indignación por el hallazgo en el Rancho Izaguirre, al que denominaron centro de “exterminio” en el que había crematorios.

El secretario de seguridad pública de México, Omar García Harfuch, afirmó que “no hay indicios” de que el rancho fuese un campo de exterminio. Sí era un lugar de adiestramiento del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Un rancho de terror sin duda, del que nadie supo nada, hasta que alguien de un colectivo recibió una llamada anónima.

Continúan las desapariciones forzadas, han pasado décadas, muchos comentaristas y analistas de la oposición propagan, difunden lo que antes callaron porque ahora solo quieren denostar al gobierno anterior y a éste que apenas comienza, no pueden perdonar que se les hayan quitado los privilegios, que ya no haya pactos; la línea se ha cortado y los millones que les eran entregados también.

Ahora la presidenta Claudia Sheinbaum propuso incorporar a la ley protocolos que emitan generar una alerta de búsqueda inmediata, abrir carpetas de investigación por el delito de desaparición o no localización, sin necesidad de esperar 72 horas.

Se fortalecerá la Comisión Ejecutiva de Atención a víctimas para el acompañamiento, apoyo y asesoría a todos los familiares que tienen a alguna persona desaparecida. Ya no estarán solos, a todos hemos de encontrar.

Esto debe terminar, no hay pactos de silencio ya…

 
Columna de Ana Lozano en SDP Noticias
 
Foto Cuartoscuro
 
clh

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