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Juristas, testículos y periodistas que NO son cómplices de García Luna (pero SÍ parecen)

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El general tebano acusó a su esposa de adúltera y ella se defendió diciendo que tenía testigos de que se había acostado con él y con nadie más: los testículos de él, su esposo. Y así nació Hércules

El columnista Carlos Ramírez me envió el siguiente mensaje de WhatsApp: “A ti que te gusta la numeralia: de 14 diarios en CDMX, nueve NO publicaron en primera plana el caso Genaro-UIF. Solo La Jornada y El Independiente le dieron principal. Y tres con nota pequeña en primera”.

¿Qué significa lo anterior? Que tiene muy buena prensa el estratega y operador de la guerra contra el narco del sexenio de Felipe Calderón.

Desde luego, llama la atención que cuente con tantos aliados en los medios de comunicación alguien formalmente acusado en Estados Unidos de haber trabajado para el cártel de Sinaloa.

No hablo mal de nadie: estoy seguro de que no hicieron nada indebido los y las periodistas de quienes se ha dicho recibieron sobornos de parte de Genaro García Luna. Particularmente injusto me parece el señalamiento reciente contra el diario El Universal.

Acepto, pues, que no hay cómplices de García Luna en la prensa mexicana, pero lamentablemente sobran comentócratas que actúan como si lo fueran. ¿O qué otra cosa decir de tantas defensas que han hecho del presunto delincuente columnistas conocidos como Carlos Marín, de MilenioJorge Fernández Menéndez, de Excélsior, y Raymundo Riva Palacio, de El Financiero.

El pasado jueves, en el noticiero de Sergio Sarmiento y Guadalupe Juárez en el Heraldo Radio, traté el tema porque, de plano, no entiendo la defensa de García Luna en tantos espacios periodísticos, especialmente en los de opinión.

Hay columnistas, como Riva Palacio, convencidos que el presidente López Obrador está detrás de todo lo que se ha dicho acerca de cómo corrompía García Luna a la prensa.

Riva Palacio —lo afirmó el pasado jueves en El Financiero— ve a AMLO “embarcado en una campaña contra periodistas y medios mexicanos que pueden generar una duda razonable en la opinión pública sobre la culpabilidad de García Luna”.

¿O sea que hay periodistas trabajando para “generar una duda razonable en la opinión pública sobre la culpabilidad de García Luna”?
 

Tales palabras de Raymundo deben ser consideradas una confesión: él y quienes tanto defienden a García Luna han emprendido una campaña mediática para que la gente en México considere no culpable o de plano abiertamente inocente —por lo tanto víctima de una persecución política— al estratega y jefe de operaciones de la fallida guerra contra el narco de Calderón que está siendo juzgado en Estados Unidos acusado de haber sido un colaborador del cártel de Sinaloa.

Si los y las periodistas de México no defienden a García Luna por dinero, ¿por qué lo hacen? Solo hay una respuesta: construyen desde ahora mismo argumentos para golpear al presidente López Obrador si en Brooklyn no se condena al amigo de Calderón.

 

El columnismo mexicano lo ha anunciado prácticamente desde que en diciembre de 2019 se arrestó a García Luna en algún lugar de Texas: si el hombre fuerte de Calderón no resulta culpable, la aprobación de AMLO en las encuestas se desplomará.

No tiene sentido lo anterior porque ¿qué tiene que ver Andrés Manuel con García Luna? Analicemos las cosas con seriedad:

√ AMLO no conoce a Genaro García Luna.

 García Luna trabajó en cargos relevantes en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, no en el de Andrés Manuel.

√ Después de dejar el gobierno, García Luna hizo negocios cuantiosos —no sé si legales— como prestador de servicios al gobierno federal encabezado por Enrique Peña Nieto y, también, al de la Ciudad de México en tiempos de Miguel Ángel Mancera. Que quede claro: don Genaro no ha sido proveedor de la 4T.

√ A García Luna lo arrestaron en Estados Unidos por investigaciones que en aquel país se hicieron. En México hay acusaciones en su contra, pero no forman parte del juicio en EU.

La verdad es esa, pero si los abogados de García Luna consiguieran liberarlo, sin duda la comentocracia mexicana haría fiesta —el famoso Genaro es querido en nuestros medios— y, sobre todo, se lanzaría a destruir la reputación de López Obrador.

Ignoro qué va a pasar en el juzgado de Brooklyn. Se ha dicho que el próximo lunes la fiscalía llamará a un testigo significativo contra García Luna.

Buscando en Google el significado preciso de testigo significativo, lo que encontré, en un sitio de etimologías chileno que acostumbro consultar, fue que Plauto, en una comedia del siglo III a.C., jugó con las palabras testigo y testículo, que según entiendo en latín tienen una pronunciación muy parecida: testis y testes.

En la obra Anfitrión, la señora Alcmena, esposa del personaje principal —precisamente el general tebano Anfitrión— tuvo relaciones sexuales con Júpiter, pero no es que este dios la haya seducido, sino que utilizó su poder y se convirtió en el doble del general que volvía de una de sus guerras.

Anfitrión, ya en casa, quiso tener sexo con Alcmena, pero esta le dijo algo así como “¿otra vez, pero si acabamos de hacerlo”. El general acusó a su mujer de adúltera y ella, para defenderse, le dijo que tenía testigos de que se había acostado con él y con nadie más: los testículos del tebano“Mihi quoque adsunt testes, qui illud quod ego dicam adsentiant”.

O sea, la injustamente acusada le dijo al marido: “No te puse los cuernos, mis testigos son tus testículos”. La perversidad de Júpiter, o Zeus, provocó un fuerte pleito conyugal en el que nadie mentía, pero la cosa terminó siendo positiva porque gracias a ese enredo nació Hércules, a quien Júpiter responsablemente reconoció como su hijo.

Plauto se burlaba de una figura del derecho romano, la del testimonio. Y es que el derecho se presta para el chacoteo —conste, el derecho antiguo y el actual, el romano y el anglosajón—; es así por la jerigonza legal, normalmente incomprensible, a la que recurren juristas, litigantes y las personas que toman las decisiones en los tribunales.

En el juicio a García Luna la fiscalía presentará a un testigo significativo, es decir, supuestamente con suficientes testículos como para aportar evidencia dura que convenza a todo el mundo de la culpabilidad del amigo de Calderón.

Ya se verá qué pasa allá. Acá el tema jurídico relevante que ya se acerca, y que dividirá a la nación, es el de qué hará la corte suprema con el plan b electoral. ¿Será inconstitucional o no?

No estoy seguro de que ministros y ministras necesiten testigos para llegar a una decisión, probablemente no les hagan falta. Pero ojalá si encuentren por ahí los testículos que siempre se requieren para no dejarse presionar; esto es, para resistir las presiones de los demócratas del INE que defienden su gigantesco presupuesto, y también aquellas de los dictadores del gobierno federal que, en mi opinión, solo buscan racionalidad en el gasto.

Por cierto, testículos no hubo en el INE para reflexionar con objetividad acerca de si es posible —y creo que sí lo es— tener la misma democracia, y hasta una mejor, con menos costo.

Vuelvo a José Alfredo: la democracia excesivamente cara que tenemos es como el cariño comprado: “Ni sabe querernos ni puede ser fiel”. Y sí, yo lo que quiero es que vuelva la que se fue: la sensatez imprescindible para llegar a acuerdos.

Columna de Federico Arreola en SDP Noticias

Foto Especial SDP

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