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Juego de artificios como instrumento de gobierno

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Pero una de las fallas de ese método es que los artificios forman parte de un juego cuyo desarrollo no aporta nada más allá de una especie de política lúdica

Asuntos que llaman a una deliberación profunda, como la de responder si ya nos encontramos en recesión económica y de las acciones que debieran instrumentarse para evitar que este sea un sexenio perdido; el análisis de las políticas instrumentadas para combatir la pobreza y la regresión a la que nos está llevando; la prevalencia de la corrupción y la inseguridad; las correcciones a proyectos como el del tren del sureste, a la luz de las malas experiencias que han dejado modificaciones a los diseños originales, en donde la obra de la Línea 12 del Metro es un ejemplo del que se debe aprender, son evadidos, hasta el grado que seguimos sin conocer cuál es la cifra del costo de la cancelación del aeropuerto de Texcoco.

La inseguridad campea con la dolorosa pérdida de vidas humanas y de una derivación que se hace presente en el periodismo; frente a las próximas elecciones, el tema de la delincuencia organizada, su involucramiento en los comicios y el asesinato de candidatos (as) que ha venido ocurriendo, merece una atención y una política especial.

Sin embargo, los recursos de la elusión, del ilusionismo y del escapismo forman parte del menú de métodos que se ponen en marcha para evadir temas que pueden ser incómodos o que no forman parte de la agenda gubernamental, y como recurso para pretender el control o llevar la hegemonía del debate.

Un abanico amplio de juegos que fueron aplicados a manera de artificios se puede codificar entre los hábitos del gobierno. Habrá de recordar que la suspensión del aeropuerto de Texcoco se decretó bajo los auspicios de una encuesta carente de rigor y de representatividad, hecha a modo para obtener el resultado que se esperaba, de rechazo a la magna obra; ahí estuvo el primer juego de artificio y el anuncio primigenio del estilo de un gobierno que seguiría caminando sobre esas vías.

Un segundo juego de artificio lo personificó la consulta sobre el enjuiciamiento de los expresidentes de la República, que sirvió de entretenimiento y como forma de concentrar el interés de la opinión pública; pero la consulta fue inútil, incomprensible la pregunta que se formuló y, al final, sus resultados no fueron vinculatorios. Queda como un antecedente chusco, por decir lo menos, y con un costo que agravia las urgentes necesidades de la sociedad en materias básicas como la salud.

A manera de tercer juego de artificio se tiene ahora la consulta para la revocación de mandato, como un instrumento que pervierte sus propósitos, pues se aleja de la posibilidad de plantear la posible interrupción del gobierno por la pérdida de confianza de la sociedad – al no existir una corriente social que así lo postule -, para devenir en fatua afirmación para ratificar a un gobierno que plantea exhibir respaldo social, cuando se carece de expresiones que busquen la interrupción anticipada del ejercicio de su responsabilidad. Asemeja esa situación a la de un arreglo a modo para una pelea boxística con un adversario que no plantea una confrontación real, pero que es útil para el lucimiento.

Un cuarto juego de artificio se refiere al tema del testamento presidencial. El asunto se inscribe dentro de una pretendida polémica sobre la eventual ausencia física del presidente de la República, en la coyuntura de habérsele practicado, casi de manera clandestina, un cateterismo, y conforme a su antecedente de haber sufrido un infarto y de padecer de hipertensión. No se desea que el titular del ejecutivo federal tenga un desenlace fatal que obligue a su sustitución, pero las previsiones al respecto están inscritas en la Constitución; nuestra fortaleza y capacidad para asegurar la gobernabilidad del país se encuentra, ante esa fatalidad indeseable, en las instituciones y las leyes.

Cabe preguntarse ¿cuál es el origen o propósito que conduce a emplear los juegos de artificio? Todo indica que tienen una utilidad múltiple, pues permiten concentrar la atención de la opinión pública en torno a los temas inscritos en el artilugio y, distraer en cuanto a que la sociedad focalice otros asuntos; ofrece también el dominio de la agenda pública al gobierno, así como la pretensión de establecer un dominio sustentado en el stress continuo donde se pone en alerta a distintos grupos sociales y los coloca a la defensiva.

Pero una de las fallas de ese método es que los artificios forman parte de un juego cuyo desarrollo no aporta nada más allá de una especie de política lúdica; como todo juego, se van desnudando sus reglas, se conocen sus propósitos y tiende a relativizarse; se debilita el dominio y control de quien lo convoca, se descubren las estrategias que se emplean. Acaso no ocurrió algo de eso con las bajas cifras de participación en la consulta para enjuiciar a los expresidentes. Frente a ese referente ahora desde el gobierno se festina que se haya reunido el número de firmas para detonar la consulta para la revocación de mandato, pero esa misma manifestación expuso que ha sido asumida como tarea del propio gobierno. El juego cojea, se debilita

Columna de Samuel Palma en SDP Noticias

Foto SDP Noticias

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