Se exhibe la miseria del Arzobispado por negarse a liquidar conforme a la ley a la administradora de Cáritas

Una mancha obscura que está presente en el clero católico de Puebla –a cargo del prelado Víctor Sánchez Espinosa– es su falta de respeto a las normas laborales, situación que se ha manifestado en el caso de Guadalupe Sánchez Briseño, quien durante 12 años fue la contadora general de la Fundación Cáritas y tras oponerse a los malos manejos de los donativos que llegan a este organismo, dependiente del Arzobispado, fue despedida de manera arbitraria y a lo largo de los últimos 8 meses le han negado el pago de liquidación tal como lo marca la ley.

Este jueves se va a realizar la primera audiencia de este asunto en el Centro de Conciliación Laboral del Estado de Puebla, donde se supone que le harán una propuesta de liquidación a la afectada; sin embargo, Sánchez Briseño ha recibido mensajes intimidatorios de que no le van a pagar nada, bajo la idea de que los prelados de la iglesia católica “son intocables”.

Una situación que muestra la incongruencia del discurso de justicia y misericordia que tanto pregonan los miembros del Arzobispado de Puebla. En realidad, lo que se exhibe con este caso es la miseria con que actúan los jerarcas de este culto religioso.

Quien está directamente involucrado en este caso de incumplimiento laboral es Rutilio Ramos Pérez, quien es el vicario episcopal del Arzobispado de Puebla y es el segundo hombre más poderoso del clero católico local.

Hace 3 semanas, por primera vez, se narró en Cuitlatlán el despido arbitrario que el 15 de enero de este año sufrió Guadalupe Sánchez Briseño en su cargo de contadora general de la Fundación de Beneficencia Privada Cáritas de Puebla (FBPCP), pues luego de haber estado contratada los últimos 12 años le echaron y solo le quisieron dar una gratificación, en lugar de la liquidación que marca la norma laboral.

Sánchez Briseño se volvió incómoda debido a que expuso como el nuevo director de CáritasJesús Rodríguez Calva, quien es un sacerdote retirado, que fue designado en el cargo en septiembre de 2024 y es amigo del arzobispo Víctor Sánchez Espinosa, se dedicó a dilapidar los donativos privados que llegan a la FBPCP con gastos excéntricos e injustificados, así como la contratación de personal de su confianza, a quienes les paga altos sueldos y prestaciones excesivas, contrastando con los bajos ingresos de la mayor parte de quienes ahí laboran y la austeridad con que se supone se debe manejar este organismo destinado a dar atención médica, alimentaria y de asilo a los pobres de Puebla.

De todo lo anterior, incluido el despido de la contadora general, ha tenido conocimiento el vicario episcopal Rutilio Romero Pérez, quien ha guardado “un silencio cómplice”.

El principal problema con esta persona es que no sabía nada de contabilidad y de administración.

Llegó a cuestionar el por qué se “etiquetaba” los ingresos de la fundación y por qué no se hacían ciertos gastos en mejorar la imagen de los ancianos que están recluidos en el asilo.

A la nueva funcionaria, en varias ocasiones, le explicaron que Cáritas, al vivir de donativos privados, tiene que cuidar en extremo el dinero que llega, priorizando los gastos que permiten el funcionamiento de la fundación en lo relativo a la atención médica, el asilo y la ayuda alimentaria que se ofrece a los desposeídos, en lugar de utilizar los fondos en perfumar a la gente para que no huela feo, que era una de las demandas de la quejosa.

La nueva directora sostenía que el dinero de los donativos era mal utilizado y tal vez hasta hurtado.

A esa actitud obedeció que se ordenara una auditoría que recayó en la revisión de las funciones de Guadalupe Sánchez Briseño, quien no solo se hacía cargo de la administración sino también del área de recursos humanos e incluso atendía los servicios fúnebres cuando moría alguien que estaba interno en la fundación.

Lo más relevante es que un día el vicario episcopal llamó a Guadalupe Sánchez Briseño y le comunicó el resultado de la auditoría antes mencionada. “No hubo una sola observación en tu contra”, le dijo el prelado, por lo cual le pidió seguir laborando como lo había hecho y sobre todo, cuidando que no se desperdiciaran los donativos que recibe la FBPC.

Más tarde llegó el nuevo director Jesús Rodríguez Calva, quien no soportó que le observaran que no era adecuado que contratara nuevo personal con altos salarios y que, de una semana a otra, les subiera los sueldos y prestaciones, sin que esos beneficios los recibieran el resto de los trabajadores y sin observar que eso significaba atender los gastos de una burocracia, en lugar de cumplir con las labores de asistencia social de Cáritas.

Por eso Guadalupe Sánchez Briseño fue despedida, sin justificación alguna y sin liquidarla, a principios de este año, pues se convirtió en alguien incómoda por observar los excesos del cuerpo directivo.

Queda claro que en el clero católico se castiga y se desprecia a los que actúan con honradez y congruencia.

Y se tiene misericordia por los abusadores.

 

clh