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Cuarentena en Wuhan: atrapados en el epicentro del coronavirus

11 millones de personas viven en la ciudad china origen de la infección, que ha quedado cerrada desde este jueves

Esta mañana, las calles en Wuhan están poco transitadas. Un manto de contaminación cubre el cielo, dándole un aspecto gris y espeso. A las diez de la mañana de este jueves, tres de la madrugada en la España peninsular, entró en vigor el veto anunciado este miércoles por las autoridades locales.

Desde ese momento, y hasta nuevo aviso, las 11 millones de personas que están dentro de la población no pueden salir de ella, ni tampoco puede entrar nadie, lo que convierte a este municipio del centro de China en una ciudad cerrada.

El Gobierno chino pretende, de este modo, poner coto a la propagación del recién descubierto coronavirus 2019-nCoV, el cual ha realizado un avance significativo en los últimos días, tanto fuera como dentro de sus fronteras. Los datos más recientes sitúan los casos en 17 muertos y 561 infectados.

Esta medida afecta a todos los vuelos, trenes y autobuses, así como al servicio de metro. En la estación de Yunfei, por ejemplo, han colocado una reja en todos los accesos menos uno. Allí, un guardia de seguridad que prefiere no revelar su nombre comenta, algo antes de que a las diez de la mañana entrase en vigor el cierre, que la cantidad de gente es mucho menor que la de un día normal. Se confiesa “deseoso de volver a casa”. La prohibición afecta también a taxis interurbanos, aunque en la calle se ve alguno, y en Didi —una aplicación telefónica similar a Uber— no hay conductores disponibles. Las autopistas han sido cortadas, por lo que los coches particulares tampoco pueden abandonar la ciudad.

Este bloqueo es una de las medidas que incluye el protocolo de acción de mayor gravedad, cuya puesta en marcha anunció el miércoles el Consejo de Estado, aunque el escenario sigue catalogado como enfermedad infecciosa de nivel B, el segundo más alto. Otro de los preceptos contemplados es la movilización de las fuerzas armadas. Una ciudad cercana, Huanggang, situada a 70 kilómetros de Wuhan, también cerrará los servicios públicos de autobús y tren al final de este jueves, según ha anunciado su alcalde. Las autoridades han decretado también el cierre de los locales de entretenimiento de la localidad, de 7,5 millones de habitantes, como cines o cafés de Internet, y han pedido a la población que no salgan de ella salvo por circunstancias especiales, informa Reuters. Hará lo mismo la relativamente más pequeña Ezhou, de una población de un millón de residentes.

Ante el anuncio del cerco en Wuhan, una gran cantidad de gente puso rumbo al aeropuerto y las estaciones de tren con el propósito de salir de la ciudad antes de que entrase en vigor. Una de ellas era Niki, una estudiante taiwanesa de 22 años que había venido a Wuhan a visitar a una amiga. Niki manifestaba la convicción de que lograría llegar a tiempo, ya que había encontrado un conductor particular dispuesta a llevarla. “¡He venido al sitio equivocado!”, se despedía mientras corría calle abajo empujando sus maletas. El aeropuerto de Wuhan se ha visto saturado, con colas de facturación de hasta 100 metros, según informaban medios locales.

Con esta decisión, el Gobierno pretende aislar a la población, epicentro del brote, algo particularmente importante dada la proximidad del año nuevo chino. A esta festividad, que tendrá lugar el próximo sábado, le sigue una semana de vacaciones nacionales en la que la gente acostumbra a visitar familiares en otras partes del país o viajar al extranjero. Los desplazamientos pueden alcanzar estos días la cifra de 3.000 millones, en lo que constituye la mayor migración humana del mundo. Wuhan, hogar de 11 millones de personas -más que Londres o Nueva York-, es además un nudo en las comunicaciones ferroviarias chinas. Ya este jueves, en un contraste poco habitual, los escaparates de muchos establecimientos en la ciudad lucen las decoraciones típicas de estas fechas pese a estar en su mayoría vacíos.

Se cumplen, por tanto, las instrucciones de Zhong Nanshan, científico que lidera el equipo que trata de doblegar el coronavirus. “Desde el momento en el que la transmisión entre humanos está probada [un extremo descartado hasta esta semana], la cuarentena debe ser la primera prioridad”, declaraba en una rueda de prensa celebrada el martes. Zhong, de 84 años, es la mayor eminencia china en enfermedades infecciosas y saltó a la fama en 2002 al dirigir la respuesta del Gobierno ante el SARS. Esta epidemia, también originada en China y que acabó con la vida de 700 personas en todo el mundo tras convertirse en una crisis global, está marcada en la memoria de la población. “La cuarentena es la medida más efectiva porque de momento no hemos desarrollado un medicamento específico para hacer frente al coronavirus”, sentenciaba el investigador.

Otro de los requerimientos instaurados por las autoridades locales en Wuhan pasa por hacer obligatorio el uso de mascarillas en el espacio público. Este objeto se ha convertido en la primera línea de defensa contra el brote y nadie se mueve sin ella. En muchos de los supermercados, por otro lado, perfectamente abastecidos, el estante correspondiente a las mascarillas está vacío. “Se han vendido todas, hasta las del almacén. No sé cuándo traerán más”, apuntaba el empleado de una tienda de la calle Qinghuang, a cinco kilómetros del centro, protegido con la suya.

Hospitales saturados

Pero ante el número creciente de casos, los hospitales parecen no dar abasto. El diario Noticias de Pekín informaba de que muchos de ellos están saturados de pacientes, algunos de los cuales hacen colas en el exterior pese a las bajas temperaturas. Las salas de transfusión también están abarrotadas, y muchos pacientes se agolpan, conectados a sus goteros, en el pasillo. “Mi padre tiene fiebre alta y problemas respiratorios desde el pasado 2 de enero. Después de que varios tratamientos no funcionaran, el pasado día 10 el hospital nos informó de que no podían ingresarle porque no tenían camas libres. Nos transfirieron al hospital Wuhan Xinhua y allí tampoco pudieron atenderle. Su condición ha empeorado, ya lleva 12 días con alta fiebre y cada día tiene que caminar hasta el centro de salud para que le den oxígeno: sin admisión, sin exámenes, sin cuarentena”, denunciaba un usuario en Weibo —red social similar a Twitter—.

El área de llegadas del aeropuerto de Wuhan estaba desierta en la noche del miércoles. Uno de los últimos vuelos del día apenas transportaba a dos decenas de pasajeros, todos protegidos con su máscara. Uno de ellos era Xian Pin, de 28 años y empleado de una firma financiera, quien se dirigía a la ciudad a causa por un compromiso profesional. “Es muy importante, si fuera cualquier otra cosa no se me ocurriría haber venido. He optado por limitar mi viaje al máximo, por lo que mañana volaré de vuelta a casa. Estoy muy preocupado”, apuntaba. Ante la imposición del veto, lo más probable es que Xian Pin no haya logrado su propósito. En el mismo avión, la azafata Lian compartía que los vuelos han experimentado un descenso notable en el número de pasajeros. Ella misma es de Wuhan, aunque citaba un refrán popular para ilustrar su tranquilidad: “Shi fu bushi huo, shi huo duo buguo”, “una bendición no es una maldición, y una maldición no tiene escapatoria”.

En las afueras del aeropuerto, en las que no se veían medidas de seguridad excepcionales, el conductor Zheng Wang se quejaba: “Llevo cinco horas parado en la cola, no vienen pasajeros, así que no nos movemos”. Su hijo, de 13 años, no va al colegio desde el pasado 10 de enero porque las clases se han suspendido. Preguntado por la credibilidad que otorga a las cifras oficiales de afectados, contesta: “De eso es mejor no hablar”. El Gobierno ha amenazado con castigar a todo aquel que contribuya a expandir rumores y a las administraciones locales o regionales que maquillen la realidad.

A pesar de su inquietud, Xian Pin se mostraba optimista. No recuerda la epidemia del SARS porque “era demasiado pequeño”, pero está seguro de que en esta ocasión no será tan grave. “China es ahora un país poderoso, y nuestro líder Xi Jinping se ha dirigido al pueblo para asegurar que nuestras mejores mentes están trabajando en ello. Confío en que pronto pondremos al virus bajo control”.

Información El País y fotografía Getty

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