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Religiosas abren centro en Xicotepec para víctimas de violencia intrafamiliar

  • Leticia Ánimas Vargas
Primero ofrecieron educación, luego capacitación en oficios, pero ahora la dolorosa realidad de las familias violentadas debe ser atendida

Xicotepec, Pue.- La creciente violencia intrafamiliar en la Sierra Norte de Puebla impulsó a religiosas católicas a abrir un centro de atención y escucha para víctimas –el primero en la diócesis de Tulancingo, a la que pertenecen- cuya sede será el Centro de Mejoramiento Social Cruz Azul, una institución que cumple 56 años de trabajo en la cabecera municipal de Xicotepec.

Con consentimiento del obispo Domingo Díaz Martínez, las misioneras que pertenecen al Instituto de Coadjuntoras del Apostolado Social (ICAS) se proponen dar apoyo espiritual, emocional, jurídico y psicológico, pero también refugio inicial a las víctimas de la violencia intrafamiliar, y recuperar a las familias.

Fue la realidad, la que les ha demandado cambios en los servicios que dan, aseguran Marcela Díaz Morales y Agustina Ortiz Martínez, dos de las seis religiosas que hacen su misión en el Centro Cruz Azul.

Primero le entraron a la educación, luego a la preparación para la vida enseñando algunos oficios o impulsando proyectos que permitan el desarrollo integral de la persona y de comunidad  y, como “no sólo de pan vive el hombre” en el ámbito humano, cristiano y social. Pero no es lo mismo lo que se vivía en la zona hace 56 años a lo que hoy ocurre y asumieron que la promoción humana también involucra los derechos de la familia, de los hombres, de las mujeres, por lo que harán un trabajo en el que está implícita la no discriminación y la tolerancia.

La creciente violencia que hay entre las familias con expresiones sociales “que alcanzan un nivel que parece incontrolable”, señala la abogada Marcelina Sampayo Carballo quien acompaña el proyecto, favoreció la decisión de abrir el centro de escucha y atención a las víctimas para reconstruir los núcleos familiares y evitar que los jóvenes se incorporen a alguna banda delincuencial, por ejemplo.

“Es desastroso. Es caótico lo que sucede dentro de una familia violentada, se expresa afuera y se debe atender. Las madres lo vieron y decidieron entrarle al problema. Son asuntos que se atienden o después no nos quejemos de lo que como sociedad podría ocurrirnos. Así que las misioneras vieron esto y promovieron un proyecto con esa finalidad”, añade la abogada.

Las religiosas ICAS se lo propusieron al obispo y se ha trabajado en el plan: ha habido cursos de capacitación desde hace más de un año y aunque han tenido dificultades, sobre todo para la obtención de recursos, han esperado los tiempos y ya iniciaron algunos talleres con personas que colaboran en el Centro Cruz Azul, pero a los que puede asistir quien desee conocer y manejar los conceptos del tema y las herramientas para saber cómo trabajar con las víctimas de violencia. Además de que al trabajo se integrarán psicólogos y abogados en cuanto se formalice el funcionamiento.

Sin embargo, admite Marcelina Sampayo, entre los laicos hay resistencia para tratar el tema. “Cuando algo se tiene que cambiar, duele. Nos resistimos. Nos duele. O nos da trabajo reconocer que hemos sido violentos, que hemos discriminado”. 

Así que el Centro Cruz Azul seguirá su misión, su trabajo enfocado a la atención del ser humano. “Nos hemos deshumanizado por la violencia. Reaccionamos de momento ante el dolor y después se nos olvida. Así que hay que volver a ser empático y ponernos en los zapatos de quienes sufren”, agregaron.

La gente demanda atención al problema de violencia, que no es del obispo o de las religiosas, sino de todos, y lo hace de diferentes formas: “con lágrimas, con gritos, de tantas maneras. Así que ojalá sintamos la misma necesidad de la gente” y participemos todos.

clh

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