• Huauchinango

Recuperan en Cuacuila Contrandanza, una tradición ancestral

  • Leticia Ánimas Vargas
A la usanza antigua, Domingo colocó el petate, el ocoxal, prendió el sahumador, le puso incienso de lágrima, colocaron 12 platos de mole para las deidades grandes y 12 de pascal

Huauchinango. Pue.- Con una ceremonia de enfloramiento y la colocación de una ofrenda para pedir fuerza y bendiciones se "levantó" -icahcocuica ce catqui tlalpan (levantemos lo que está caído)- la Contradanza, un antiguo baile que hace más de 40 años se dejó de practicar en la comunidad indígena de Cuacuila en Huauchinango y que se dedica a la Virgen de La Candelaria, la santa patrona del lugar, la señora que bendice las semillas y que ahora se está recuperando.

A propuesta de don Eleuterio Hernández y don Sabino Fuentes, dos viejos músicos que interpretan los 24 sones que aprendieron de oídas de sus abuelos, la autoridad comunitaria que encabeza don Eugenio Pérez Ahuacatitla, con la ayuda del profesor Bulmaro Maldonado, organizaron a 12 niñas y dos niños para integrarse al grupo que este día fue consagrado por su padrino, el tlamatqui -el que sabe- Domingo Garrido Lechuga.

Desde temprano la casa del tlamatqui era un hervidero de gente preparando el mole, los tamales, el pascal, el guajolote, los pollitos, la cerveza, los refrescos y el xocoatolli que se ofrendó a San Antonio -cuidador de Jesús el Cristo- que salió en brazos de dos muchachos hasta la presidencia auxiliar, porque el ritual no pudo hacerse en el atrio de la Iglesia, debido a que el fiscal, don Francisco Lucas, negó el permiso para usar el templo "porque eso ya no se hace, porque son costumbres antiguas".

"Pero la verdad -dice don Armando- es porque el cura es mestizo y no entiende que la gente ve nacer a Dios en su corazón, cuando alguien reza por él", como lo hace Domingo por sus paisanos.

A la usanza antigua, Domingo colocó el petate, el ocoxal, prendió el sahumador, le puso incienso de lágrima, colocaron 12 platos de mole para las deidades grandes y 12 de pascal para las deidades pequeñas, cervezas para las deidades masculinas y refrescos para las deidades femeninas, 24 jarros de xocoatolli y 24 bolillos.

El tlamatqui saludó a los dueños del todo, les pidió permiso, echó incienso y le dijo a San Antonio que la ceremonia se estaba haciendo en la presidencia porque el fiscal se rebeló, pero que él sabrá -San Antonio- qué hacer para que recupere sus costumbres.

Domingo pidió por los nuevos danzantes. Porque la Contradanza no se pierda. Porque no tengan accidentes. Porque tengan bendiciones en abundancia y porque sean la semilla que permita conservar la identidad y las tradiciones del pueblo nahua.

Los enfloró con xochicoscatl y cuaxochitl. Roció aguardiente, se tocaron y bailaron 12 xochisones. También se sahumaron sus trajes, donados por la autoridad de Cuaucuila.

Luego, los niños bailaron el son del arco tendido, una cadenciosa y monótona música que salió del violín de don Sabino y la guitarra de don Eleuterio.

Don Eleuterio Hernández cuenta que su abuelo don Ausencio Reyes le enseñó la Contradanza, hace más de 100 años y se la dedicaban el 2 de febrero a la Virgen de La Candelaria. Consta de 24  sones y anteriormente se internaban en los bosques para buscar las varas para la hechura de los arcos -que simbolizan el arco iris-: las varas de trueno y el huetzcolotl e iban interpretando el “Son del perdón” dedicado al Señor del Monte, para que este no les echara salaciones o malos agüeros. Los mayordomos eran quienes organizaban los festejos, mataban un guajolote para toda la comparsa, se hacía mole, tamales, se repartía tepache, refino, cerveza; se convivía, se festejaba y posteriormente antes de retirase dedicaban el “Son de Gracias”. 

La danza se hace acompañar únicamente de dos tocadores: un violinista y un guitarrista.

El vestuario puede variar: antes se usaban trajes de manta para el calzón y la camisa, tela de charmise o sedalina para las bandas que van cruzadas y que simbolizan a los rayos, están rematadas en las puntas con flecos en color oro y bordadas con motivos florales o con figuras de animales, predominando el águila (debido a que según las leyendas cuando rozaron los montes, los antiguos moradores divisaron un águila posando sobre un árbol y de este hecho fue como se establecieron en la mesetita donde está el pueblo. En la cabeza llevaban una corona de cartulina y forrada con terciopelo negro, con tres espejos, lentejuelas y tres plumas de pavo real; en la parte de atrás de la corona seis listones de colores . Además un paliacate rojo, para cortar el sol, limpiar el sudor o para marcar las figuras a seguir. También integran la danza: la maringuilla –que aquí es una niña vestida de blanco o de color pastel y su canasta— ella interpreta tres sones. Dos huehues o viejos con máscaras de madera, a los que se les dedican tres sones, una persona disfrazada de murciélago. 

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