• Opinión

La Antorcha Guadalupana

  • Erika Nieto
Este evento ha sido encabezado por casi dos décadas por la Asociación Tepeyac.

Como ocurre año con año el ícono migrante por excelencia, la Antorcha Guadalupana, ya inició su recorrido por las diversas comunidades poblanas caracterizadas por ser expulsoras de migrantes hacia Estados Unidos, así como por diversos estados de la República hasta llegar a Nueva York, el próximo 12 de diciembre, y como desde hace varios años, los corredores participantes tomarán sus medidas de seguridad en su paso por estados como Guerrero o Tamaulipas por los niveles tan altos de violencia que se viven en el país.

La Antorcha Guadalupana es eso, una antorcha encendida en la Basílica de Guadalupe que es llevada a través de una carrera internacional en relevos, por corredores y caminantes que viajan en procesión a través de territorio mexicano y estadunidense con el fin de unir a los pueblos migrantes y de pregonar, entre otras cosas, que la autoridad norteamericana no ha cumplido con el compromiso de una nueva amnistía para legalizar a los millones de trabajadores indocumentados provenientes de México, principalmente.

Este evento ha sido encabezado por casi dos décadas por la Asociación Tepeyac que encabeza Joel Magallán y que a través de su sede en Nueva York promueve la defensa de los derechos de los mexicanos  migrantes.

Y aunque es una organización religiosa, que tiene como estandarte a la Virgen de Guadalupe y que inicia con una misa en la Basílica de Guadalupe en el Distrito Federal y termina con otra misa en la Catedral de San Patricio en Nueva York, el recorrido de la antorcha por todos estos lugares en México y Estados Unidos llaman la atención sobre la influencia y el crecimiento de la migración en ambos países.

En México dejando comunidades donde las mujeres, los ancianos y los niños son los que dan vida a esos lugares con las remesas que diariamente reciben por parte de sus familiares moviendo la economía. En Estados Unidos avanzando en territorio, incluso económico, social y hasta político, dejando huella en áreas tan importantes como la agricultura, la construcción, la educación y en el mantenimiento de edificios públicos y particulares.

Además durante los eventos en cada comunidad que visita la Antorcha Guadalupana se resalta que la migración a pesar del paso del tiempo, de las dificultades que presenta la vigilancia en la frontera y del aumento en la violencia en nuestro país no se detiene ni se detendrá mientras en el país no sea satisfecha la gran demanda de trabajo.

La migración, un estilo de vida

Hace algunos años tuve la oportunidad de estar presente en el inicio de esta carrera durante el evento que realizan en el Monumento a la Revolución de la Ciudad de México y es interesante observar la fortaleza y la importancia que ha retomado a lo largo del tiempo el mexicano migrante y como, para muchos, se convierte en un estilo de vida a través del cual el vecino país del norte es la empresa donde se trabaja y se obtienen los recursos para vivir en México.

Miles de migrantes van y vienen año con año, incluso de manera ilegal, trabajando en Estados Unidos por temporadas y viviendo sus periodos vacacionales con su familia en México y siempre con la meta en mente de regresar a vivir su tercera edad en su comunidad de origen pero ya con una pensión de alguna empresa norteamericana o con algún negocio establecido en nuestro país con los ahorros de su trabajo en el norte.

Y aunque no todos tienen la misma suerte, ni el mismo futuro en mente, lo cierto es que para los migrantes y sus familiares que hoy recorren ambos territorios con la Antorcha Guadalupana Estados Unidos es ese apoyo laboral y ese futuro económico que no acaban de encontrar en su país, el que los vio nacer y también emprender ese largo y peligroso viaje en busca de una mejor forma de vivir.

 

Twitter @erinife

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